domingo, 27 de mayo de 2007

Polémica Popetown


Este es el artículo extendido de Papavilla, que saldrá ultra resumido en Caleidoscopio.

Estaba escrito que Papavilla no tendría un futuro fácil en la TV chilena. La serie fue producida en Inglaterra por la hiper seria BBC y luego prohibida en el mismo país, donde ni siquiera hay mayoría católica, como en Chile. Así las cosas, era casi imposible que algún Papa animado asomara la nariz por las (a veces) conservadoras pantallas chilenas.
Un cura con Converse amarillas, una monjita chillona y un Papa-niño que lo único que le interesa es jugar eternamente, son los personajes principales de la serie que transmite MTV en horario de adultos y que supuestamente satiriza sobre la Iglesia y sus miembros. Pero, sorprendentemente, esto bastó para que un grupo de creyentes enfurecidos condenara la serie por la ridiculización que hacía de la Iglesia. Para variar, el señor Ricardo Claro figuraba en Mega alegando contra el “ataque a los valores católicos y nacionales” que suponía Papavilla. Luego llegó el turno de los políticos; Marcelo Forni (UDI) y Jorge Sabaj (DC), demostraban una de las tantas afinidades entre sus respectivos partidos pidiendo formalmente a VTR la suspensión de la serie. Pero como todo argumento tiene su contraargumento, los opositores a un posible caso de censura se hicieron escuchar, entre ellos el presidente del Colegio de Periodistas, Luis Conejeros, que sostuvo que la petición de cortar la serie atentaría contra la libertad de expresión y la libertad de decisión de los chilenos.
Finalmente, la pugna llegó a las cúpulas del CNTV, donde se discutiría la presentación o no presentación de cargos a VTR. La votación fue más que reñida (4 votos a favor de los cargos, 5 votos en contra) y primó finalmente el argumento del presidente del CNTV, Jorge Navarrete: el Papa y su crucecita saltarina no representarían una ofensa a la fe católica, sino una caricaturización exagerada de la Iglesia como institución. Entre los argumentos en contra, en tanto, volvió a aparecer la piedrecita en el zapato del ataque a los valores nacionales.
Pero, ¿por qué ataque a los valores nacionales si de lo que estamos hablando es de religión? Como nuestra sociedad es mayoritariamente católica y la Iglesia ha influido milenariamente en el bien y el desarrollo del país, los preceptos católicos también forman parte de nuestro repertorio moral. Este último punto fue el más discutido, y el problema está en que genera cierta sospecha el que los valores católicos, en su conjunto, se apliquen a algo tan general como la Nación. Si efectivamente fuera así, y la TV tuviera que preservar, o no atentar contra estos valores religiosos, la discusión debería remitirse a alguna norma legal, en vez de quedarse en el limbo de las opiniones. Según Sergio Godoy (profesor de Medios III TV en nuestra facultad), las leyes que regulan la TV en Chile son muy ambiguas. Los valores morales que la TV debiera preservar por ley se quedan sólo en eso: morales. No hay más profundización. Por eso se presentan estas situaciones confusas en que algunos buscan imponer su visión particular de las cosas, “La discusión está en que si la sociedad chilena en su conjunto quiere preservar su identidad religiosa de alguna forma, de partida tiene que estar contemplado en la ley, y segundo, la ley debería estar lo suficientemente bien hecha como para que se pueda controlar el contrato”, dice Sergio Godoy refiriéndose a la polémica de Papavilla.
El punto es que un grupo reducido de personas, con su visión muy particular sobre valores que no necesariamente (ni legalmente) se extienden al resto de la sociedad, logró llegar con sus quejas hasta las mismas sesiones del CNTV. Y eso es lo peligroso, lo que puede llevar finalmente a casos claros de censura o a la vulneración de un derecho tan vital como la libertad de expresión o de elección. Porque el derecho de elegir qué ver o no ver también nos pertenece; más aún si la serie en cuestión se transmite por una señal de cable, donde hay canales para todos los gustos, incluso para los católicos acérrimos.
Por otra parte, en toda esta discusión se descubre un cierto sesgo en lo que se considera o no como ridiculización de alguna institución o persona. En la TV chilena abundan los programas que se sustentan con la ridiculización de homosexuales, discapacitados, personas mayores, etc. ¿Quién decide que debería ser más grave la ridiculización de la Iglesia que la ridiculización de un homosexual? Ciertamente, no el CNTV. Porque en el CNTV no se discute usualmente la validez de programas donde se ridiculice a ciertas personas. Porque al que le moleste, cambia de canal y no trata de imponer su visión al resto de los espectadores. Es la solución que se reflejó en la decisión final de no suspender la transmisión de Papavilla y la que hizo primar la libertad de expresión y de elección por sobre un ataque dudoso a los valores que no comparte todo el mundo.
Además, es bastante discutible el argumento que sostiene que Papavilla constituye una ridiculización de la fe católica. La serie, de partida, no merece ser calificada como “satírica”. Sus ocurrencias y bromas causarían casi el mismo efecto si la trama no se desarrollara en el Vaticano y sus personajes no fueran ni curas ni monjas. Pero eso queda ya a criterio del espectador, y agradecemos que sea así. MTV, domingos a las 22:00 hrs.

martes, 10 de abril de 2007

Qué tiempos de novata

Uyy nunca pensé que mantener un blog actualizado fuera tan difícil. He pasado las últimas 2 semanas torturándome porque creé un blog sólo para malgastar espacio virtual que podría ocupar otro. Pero... mi conciencia ecológica superó mi falta de tiempo. La idea era subir algo relacionado con Transantiago, pero ya que el Ministro Cortázar ha sacado buses de no sé donde y en el Metro ya no se cae tanta gente por los andenes para abajo, y en vista que el tema está un poco muy trillado, he decidido subir un cuentecillo que escribí el año pasado para Intro. a la Narración con Ingrid Bachmann (siiii mi ramo preferido de la vida!! y profe tb!). Es el que más me gustó de todos los que hice (además fue mi mejor nota), aunque no me gusta de verdad nuinguno..je.
La idea del cuento era hablar del tema "hipódromos", pero me quedaba poco tiempo así que sólo fui a un Teletrak con mi amigo Pablo, que sin él nunca hubiera conseguido la historia, así que alguna vez lo contrataré para que me acompañe a reportear. (jajaja al Pablo no le gustan los créditos...es Pablo Rodríguez)


Apostando a la soledad
Un sociólogo frustrado dice que el mundo de la hípica es solitario y corrupto, pero aun así constituye su propia rutina y la de muchos otros.


El uruguayo es un personaje habitual en el Teletrak de Plaza Egaña. Se le puede ver por esos lados en horario de oficina, 7 días a la semana, los 12 meses del año, sentado en la misma silla al fondo del salón de la TV gigante donde se emiten las carreras. En realidad nadie sabe si es uruguayo, paraguayo o colombiano. Él mismo dice tener ropas de gitano y haber vivido en todas partes, pero uruguayo es su apodo preferido.
Lleva 35 años en Chile, 27 de los cuales fue un asiduo visitante del Club Hípico y los últimos 8 sólo del Teletrak. cuando ya no tenía auto para ir al Club. Dice gastar $6.000 en apuestas y saber más que nadie de caballos y del submundo de la hípica. Aparte de la droga y el alcoholismo casi masivo de los apostadores y los jinetes, cuenta que el arreglo de carreras que hacen los ñatos es muy común. Hacen ganar al caballo con más apuestas o al que simplemente les convenga.
La hípica, según él, tiene una característica peculiar, que es la de regirse por su propia justicia. Ni un reclamo sale del hipódromo o del lugar de apuestas... absolutamente todo se arregla en el "tribunal de la hípica". Desde las riñas casuales en los Teletrak hasta la cucha, que es el 30% de las ganancias del hipódromo que va derecho al bolsillo de la directiva. De hecho, en cada Teletrak hay una sala VIP en la que se reúnen los grandes apostadores, pero el uruguayo dice que eso es mentira, que ahí va gente que apuesta $500 y que ya se ha peleado con todos... eso sí, dentro del Teletrak.
El uruguayo no es muy querido en el Teletrak de Plaza Egaña. Él dice que es porque tienen envidia de su experiencia en materia de hípica.
'Mirá, aquí viene gente a esconder la soledad. Y te lo digo yo que soy un sociólogo frustrado', dice el uruguayo. Explica que los jinetes y apostadores son de un estrato social bajísimo y que el alcoholismo los lleva a hundirse cada vez más en la soledad y en las apuestas. Por eso no le recomienda a los jóvenes ir a meterse en la hípica, que ese asunto es para viejos tontos como todos los que apostaban con él.
El uruguayo no trabaja y no se sabe de dónde saca plata para apostar $200.000 mensuales. 'Y...es como una enfermedad, igual que fumar son las apuestas'.







jueves, 29 de marzo de 2007

Glorioso Día del Joven Delincuente

En la inauguración de este blog, quisiera sinceramente dedicar unas palabras a la opinión pública en el aniversario número 22 del asesinato de los hermanos Vergara Toledo. ¿Cuántos de los que salieron a "protestar" hoy día sabrán realmente lo que se conmemora el 29 de Marzo? Ni siquiera yo lo sabía hasta hace unos 6 meses. Y poca gente lo sabe precisamente porque no es una fecha conmemorable. Lo que pasó ese día de 1985 fue un asesinato injusto y cobarde, como tantos miles que hubo durante la dictadura (ups..acabo de escuchar un disparo y la pantalla del PC parpadeó), y que ahora no se recuerda como la triste muerte de dos hermanos, sino como una oda a la violencia inconsecuente que se veía tanto entonces como ahora. Sólo que en 1985 los Vergara, como miristas, tenían un poco más de fundamento que los tiernos pingüinos, los anarcos, y toda la gente que se levantó especialmente temprano hoy para ir a calentar el asfalto al centro y perjudicar a las mismas personas que dicen defender cuando reclaman contra el Transantiago. Una causa justa, sí claro.
Admiro realmente y me gustaría conocer a alguien de los que protestaron de forma pacífica hoy día (si es que existieron tales seres), porque ellos son los que aprendieron algo del asesinato de los Vergara.
La verdad es que no sé explicar por qué cada 29 de marzo o cada 11 hay que aguantar, como una bizarra tradición, que cierren las calles por donde pasamos, cierren el Metro, que sea imposible pasar hasta tu casa a pie o que se te corte la luz justo cuando estás terminando el trabajo para el día siguiente. Ni tampoco sé por qué hay gente que sale a hacer tantas estupideces.
Alguien opinó en un programa de La Red que la razón de que los "niños" salgan a hacer desmanes es porque son hijos de una sociedad represiva. Plop! No entiendo y el periodista gritón del programa tampoco dejó al de la tesis explicar el por qué.
Si alquien entiende o tiene otra razón, que postee por favor.

Ah, y la frase de bronce de la memorable jornada: "Hoy día es un día normal; no pasa nada hoy día. El comercio no tendría por qué cerrar temprano, si es un día como cualquier otro. Además, Chile necesita trabajar." (Belisario Velasco, Ministro del Interior) Parece que alguien quedó rezagado en el cambio de gabinete.