
Este es el artículo extendido de Papavilla, que saldrá ultra resumido en Caleidoscopio.
Estaba escrito que Papavilla no tendría un futuro fácil en la TV chilena. La serie fue producida en Inglaterra por la hiper seria BBC y luego prohibida en el mismo país, donde ni siquiera hay mayoría católica, como en Chile. Así las cosas, era casi imposible que algún Papa animado asomara la nariz por las (a veces) conservadoras pantallas chilenas.
Un cura con Converse amarillas, una monjita chillona y un Papa-niño que lo único que le interesa es jugar eternamente, son los personajes principales de la serie que transmite MTV en horario de adultos y que supuestamente satiriza sobre la Iglesia y sus miembros. Pero, sorprendentemente, esto bastó para que un grupo de creyentes enfurecidos condenara la serie por la ridiculización que hacía de la Iglesia. Para variar, el señor Ricardo Claro figuraba en Mega alegando contra el “ataque a los valores católicos y nacionales” que suponía Papavilla. Luego llegó el turno de los políticos; Marcelo Forni (UDI) y Jorge Sabaj (DC), demostraban una de las tantas afinidades entre sus respectivos partidos pidiendo formalmente a VTR la suspensión de la serie. Pero como todo argumento tiene su contraargumento, los opositores a un posible caso de censura se hicieron escuchar, entre ellos el presidente del Colegio de Periodistas, Luis Conejeros, que sostuvo que la petición de cortar la serie atentaría contra la libertad de expresión y la libertad de decisión de los chilenos.
Finalmente, la pugna llegó a las cúpulas del CNTV, donde se discutiría la presentación o no presentación de cargos a VTR. La votación fue más que reñida (4 votos a favor de los cargos, 5 votos en contra) y primó finalmente el argumento del presidente del CNTV, Jorge Navarrete: el Papa y su crucecita saltarina no representarían una ofensa a la fe católica, sino una caricaturización exagerada de la Iglesia como institución. Entre los argumentos en contra, en tanto, volvió a aparecer la piedrecita en el zapato del ataque a los valores nacionales.
Pero, ¿por qué ataque a los valores nacionales si de lo que estamos hablando es de religión? Como nuestra sociedad es mayoritariamente católica y la Iglesia ha influido milenariamente en el bien y el desarrollo del país, los preceptos católicos también forman parte de nuestro repertorio moral. Este último punto fue el más discutido, y el problema está en que genera cierta sospecha el que los valores católicos, en su conjunto, se apliquen a algo tan general como la Nación. Si efectivamente fuera así, y la TV tuviera que preservar, o no atentar contra estos valores religiosos, la discusión debería remitirse a alguna norma legal, en vez de quedarse en el limbo de las opiniones. Según Sergio Godoy (profesor de Medios III TV en nuestra facultad), las leyes que regulan la TV en Chile son muy ambiguas. Los valores morales que la TV debiera preservar por ley se quedan sólo en eso: morales. No hay más profundización. Por eso se presentan estas situaciones confusas en que algunos buscan imponer su visión particular de las cosas, “La discusión está en que si la sociedad chilena en su conjunto quiere preservar su identidad religiosa de alguna forma, de partida tiene que estar contemplado en la ley, y segundo, la ley debería estar lo suficientemente bien hecha como para que se pueda controlar el contrato”, dice Sergio Godoy refiriéndose a la polémica de Papavilla.
El punto es que un grupo reducido de personas, con su visión muy particular sobre valores que no necesariamente (ni legalmente) se extienden al resto de la sociedad, logró llegar con sus quejas hasta las mismas sesiones del CNTV. Y eso es lo peligroso, lo que puede llevar finalmente a casos claros de censura o a la vulneración de un derecho tan vital como la libertad de expresión o de elección. Porque el derecho de elegir qué ver o no ver también nos pertenece; más aún si la serie en cuestión se transmite por una señal de cable, donde hay canales para todos los gustos, incluso para los católicos acérrimos.
Por otra parte, en toda esta discusión se descubre un cierto sesgo en lo que se considera o no como ridiculización de alguna institución o persona. En la TV chilena abundan los programas que se sustentan con la ridiculización de homosexuales, discapacitados, personas mayores, etc. ¿Quién decide que debería ser más grave la ridiculización de la Iglesia que la ridiculización de un homosexual? Ciertamente, no el CNTV. Porque en el CNTV no se discute usualmente la validez de programas donde se ridiculice a ciertas personas. Porque al que le moleste, cambia de canal y no trata de imponer su visión al resto de los espectadores. Es la solución que se reflejó en la decisión final de no suspender la transmisión de Papavilla y la que hizo primar la libertad de expresión y de elección por sobre un ataque dudoso a los valores que no comparte todo el mundo.
Además, es bastante discutible el argumento que sostiene que Papavilla constituye una ridiculización de la fe católica. La serie, de partida, no merece ser calificada como “satírica”. Sus ocurrencias y bromas causarían casi el mismo efecto si la trama no se desarrollara en el Vaticano y sus personajes no fueran ni curas ni monjas. Pero eso queda ya a criterio del espectador, y agradecemos que sea así. MTV, domingos a las 22:00 hrs.